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Lo que aprendí enseñando arte

Totebag de limones para taller del MUCEN - 2025
Camila Arevalo

Enseñar arte también es una forma de aprender

Siempre digo que una de las cosas que más me hubiera gustado ser era profesora. Aunque terminé estudiando arquitectura y sigo conectada a ella, nunca sentí que quería enseñarla directamente. Lo que sí descubrí muy temprano fue algo distinto: que enseñar arte generaba una conexión muy especial con otras personas y también conmigo misma.

 

Enseñar, para mí, siempre ha sido una forma de explorar.

 

Los primeros talleres

 

Empecé a dictar talleres alrededor del 2015, trabajando con niños en Barrios Altos. En ese momento todavía estaba descubriendo mi propio camino artístico, pero ya entendía algo importante: el arte podía convertirse en un espacio seguro para experimentar, equivocarse y expresarse libremente.

 

Mucho de cómo me acerqué al arte nació desde la exploración artística y el juego, así que naturalmente quise compartirlo de la misma manera. Más que enseñar “cómo hacer algo perfecto”, me interesaba generar curiosidad y confianza creativa.

 

Con el tiempo, cada taller se convirtió también en un espacio donde yo aprendía muchísimo de las personas que participaban.

 

Crear en colectivo

 

Uno de los regalos más bonitos que me dio este camino fue encontrar a personas increíbles con quienes compartir proyectos. Entre ellas, Ayleen Mayte, con quien hemos desarrollado distintos talleres creativos relacionados con estampado, pintura y exploración visual.

 

Juntas hemos creado espacios donde las personas pueden experimentar con acrílicos, sellos, composiciones y procesos manuales sin miedo a equivocarse. Siempre me ha interesado que los talleres se sientan cercanos y accesibles, como un espacio para probar, ensuciarse las manos y descubrir nuevas formas de crear.

Alumna pintando con acrilicosAlumna pintando con acrilicos

Descubrir el grabado y enamorarme de lo análogo

Años después, Mila me enseñó en Barcelona el mundo del grabado y fue imposible no enamorarme de él.

 

Descubrir la posibilidad de tallar una matriz manualmente y luego usarla para imprimir sobre distintos formatos —como papel o tela— me hizo volver a valorar profundamente los procesos análogos y el trabajo hecho a mano.

 

Hay algo muy especial en repetir una impresión y ver cómo cada resultado tiene pequeñas diferencias. El grabado me enseñó paciencia, observación y también cierta belleza en lo imperfecto.

 

Desde entonces, tuve muchísimas ganas de compartir esa experiencia con otras personas.

Previo al tallado de la matrizPrimeras impresiones

Los talleres de estampado en el MUCEN

El año pasado tuve la oportunidad de dictar talleres de estampado en el MUCEN y fue una experiencia que recuerdo con muchísimo cariño.

 

Tuvimos cuatro sesiones con alrededor de veinte alumnos en cada una y llenamos las mesas de tinta, sellos y pruebas de impresión. Usamos tanto matrices y sellos creados por mí como piezas hechas por los propios participantes.

 

Ver cómo cada persona encontraba su propia manera de experimentar con el estampado fue probablemente una de las cosas más emocionantes del proceso.

 

Seguir enseñando

 

Este año también he seguido desarrollando talleres usando plantillas y stencils inspirados en animales prehispánicos, buscando acercar referentes visuales peruanos a través del juego y la creación manual.

 

Y aunque cada taller es distinto, creo que todos parten del mismo lugar: la curiosidad.

 

Al final, lo que más me emociona de enseñar arte es ver cómo otras personas descubren nuevas maneras de expresarse, crear y conectar consigo mismas. Creo profundamente en el arte como un espacio colectivo y sensible, y espero poder seguir construyendo talleres donde eso siga ocurriendo.