Lo que aprendí enseñando arte
Siempre digo que una de las cosas que más me hubiera gustado ser era profesora. Aunque terminé estudiando arquitectura y sigo conectada a ella, nunca sentí que quería enseñarla directamente. Lo que sí descubrí muy temprano fue algo distinto: que enseñar arte generaba una conexión muy especial con otras personas y también conmigo misma.
Enseñar, para mí, siempre ha sido una forma de explorar.
Los primeros talleres
Empecé a dictar talleres alrededor del 2015, trabajando con niños en Barrios Altos. En ese momento todavía estaba descubriendo mi propio camino artístico, pero ya entendía algo importante: el arte podía convertirse en un espacio seguro para experimentar, equivocarse y expresarse libremente.
Mucho de cómo me acerqué al arte nació desde la exploración artística y el juego, así que naturalmente quise compartirlo de la misma manera. Más que enseñar “cómo hacer algo perfecto”, me interesaba generar curiosidad y confianza creativa.
Con el tiempo, cada taller se convirtió también en un espacio donde yo aprendía muchísimo de las personas que participaban.
Crear en colectivo
Uno de los regalos más bonitos que me dio este camino fue encontrar a personas increíbles con quienes compartir proyectos. Entre ellas, Ayleen Mayte, con quien hemos desarrollado distintos talleres creativos relacionados con estampado, pintura y exploración visual.
Juntas hemos creado espacios donde las personas pueden experimentar con acrílicos, sellos, composiciones y procesos manuales sin miedo a equivocarse. Siempre me ha interesado que los talleres se sientan cercanos y accesibles, como un espacio para probar, ensuciarse las manos y descubrir nuevas formas de crear.